
Todos tenemos una idea más o menos clara acerca de la epilepsia en los seres humanos, bien sea porque conocemos a alguien con este problema, bien porque ha sido tratado ampliamente en el cine ("¡Una cucharilla para que no se muerda la lengua!", etc) pero...¿qué sucede con los animales de compañía? ¿Pueden padecer este problema? ¿Cómo se manifiesta?
Lo creais o no, es un problema relativamente frecuente en la clínica de pequeños animales. Entre un 0,5 y un 5 % de los perros pueden padecerla, y estos no son todos los que presentan convulsiones. Así que en primer lugar vamos a ver la diferencia entre una y otra cosa, ya que TODOS los animales que padecen epilepsia la manifestarán en forma de síndromes convulsivos, pero NO TODAS las convulsiones son a causa de la epilepsia.
Una convulsión es un trastorno de la función cerebral (una descarga eléctrica anormal en los potenciales de acción de las neuronas) que por definición es paroxística (que aparece bruscamente) transitoria (no es un trastorno cerebral continuo, como pudiera ser por ejemplo los temblores en la enfermedad de Parkinson), estereotipada (con un patron de movimientos fijo, repetido una y otra vez) e involuntaria. Las causas son complejas, pero pueden resumirse en una alteración de los neurotransmisores (las sustancias que las neuronas utilizan para comunicarse las unas con las otras) y un desequilibrio de estos con pérdida de neurotransmisores inhibidores en favor de los excitadores.
Las convulsiones producen alteraciones a tres niveles:
-en el nivel de consciencia
-motoras
-en el sistema nervioso autónomo.
En función de la magnitud de estos problemas, y su diferente participación en el proceso, podremos observar varios tipos de convulsiones, desde fases alternas de contracción-relajación en todo el cuerpo del animal, hasta convulsiones sin movimientos musculares (que se confunden con síncopes o desmayos), pasando por convulsiones parciales (al animal sólo se le mueve una pata) o las llamadas complejas parciales, en las que la alteración del lóbulo temporal produce alteraciones sensoriales (sonidos, visiones extrañas) que en el caso de un perro podremos ver como un comportamiento alterado.
Algunas intoxicaciones y problemas metabólicos (por ejemplo, la hipoglucemia en un animal escapado, que no ha comido en muchos dias, o que no come por cualquier otra causa) pueden producir convulsiones sin ser epilepsia, y asi mismo, es fácil confundir este tipo de problemas con síncopes, o si el animal tiene un proceso muy doloroso abdominal o de columna, con la manifestación de este dolor. Por todo esto, es muy importante que el diagnóstico lo realice un veterinario, puesto que la convulsión es un síntoma que nos está avisando de que puede existir un problema mayor, que debe ser tratado.
La epilepsia es un síndrome convulsivo con causa primaria (el problema) en la propia corteza cerebral, y de curso recurrente, lo que quiere decir que las crisis se producen periodicamente y no se trata de un solo episodio aislado.
Podemos distinguir entre dos tipos de epilepsia:
-La epilepsia idiopática o verdadera: Muy poco frecuente en el gato. Cuando no encontramos ninguna causa.
-La epilepsia secundaria o síntomática: causada por malformaciones congénitas (en cachorros) traumatismos craneales (perros atropellados, gatos caidos de pisos altos...) infecciones, tumores, infartos cerebrales...
En el primer caso, los síntomas que podemos reconocer como propietarios son un comportamiento anormal del animal previo a la crisis, tras el cual el animal se desploma (normalmente de lado) y seguidamente una rigidez general de todos los músculos, a la que siguen fases alternas de contracción-relajación. Además, es común un babeo exagerado, o que el animal se orine encima. Las crisis duran de 1 a 3 minutos, y la recuperación será más larga en función de la intensidad y duración de la crisis.
En el segundo caso, podemos observar diferentes tipos de convulsiones con mayor o menor intensidad, en función de la causa y de la zona del sistema nervioso que se vea afectada.
El tratamiento persigue disminuir la frecuencia, duración y severidad de las crisis, no su desaparición ya que desgraciadamente esto no es posible. A veces es un tratamiento de por vida, pero en función de la respuesta clínica del animal, en ocasiones es posible disminuir las dosis e ir retirándolo paulatinamente. En todo caso es muy importante que el animal esté controlado por su veterinario, y que se cumplan puntualmente los controles que este prescriba.
En el caso de la epilepsia secundaria, no sirve de nada controlar las convulsiones si no se ataca a la causa primaria (el tumor, la infección...) ya que estas solo son un aviso de que algo falla por debajo.
El tratamiento es
urgente si se observan:
-2 ó más crisis en un mes.
-Crisis en rachas (varias en un solo día)
-Crisis que ponen en peligro la vida del animal, aunque sean aisladas
-Crisis de más de 5 minutos de duración.